…”El final… del verano… llegó… y tú partirás…”

Así empieza una canción muy conocida por todos, y está claro que este par de dos (me refiero al Dúo Dinámico) sabían  muy bien de que hablaban, y es que el verano es la estación de los romances y sobre todo del sexo.

¿Quién no ha tenido alguna vez un amor de verano? Los adolescentes se enamoran perdidamente de ese amor que termina en cuanto acaban las vacaciones, con un intento, el 99% de fracaso, de que dure en la realidad del año, aunque tenemos que reconocer que estos amores marcan más de lo pensamos en nuestra vida adulta. Cuando somos adultos, sabemos que ese romance se acaba en cuanto nos subamos al coche, avión o tren de regreso a nuestras vidas. Es verdad que, ahora, con los móviles y sobre todo Internet se puede mantener el contacto, pero somos conscientes que esto ha sido un “romance de verano” y, simplemente hemos disfrutado de su compañía y del sexo.

En verano nos desinhibimos, son las reglas de las vacaciones. El sol, la playa, poca ropa, es normal sentirnos atraídos por desconocidos, y más si las vacaciones es en un lugar exótico. Además, en verano nos gusta hacer cosas diferentes. La regla es: NO ARREPENTIRSE Y DISFRUTAR AL MÁXIMO. Es eso, liberar nuestro lado más sensual y nuestras fantasías.

Esto para los solteros, pero para los que tienen pareja el verano es muy parecido. Es verdad que hay estadísticas en las que informan que los divorcios en verano son más acusados, sobre todo en septiembre, cuando todos han regresado. Pero a pesar de estas cifras, en verano se “folla” más. Estás más tiempo con tu pareja, llevas menos ropa, las pieles se rozan más, los que tienen niños y pueden “librarse de ellos” se encuentran como “novios”, si no has tenido la suerte de que se vayan, como el trasnochar se alarga, pues aprovechas.

Si el refrán dice “en primavera la sangre altera” ¿Qué deberíamos decir del verano? “en verano el sexo a mano”… no lo sé, es una idea, jajajaja