La misma pregunta en su cumpleaños, nuestro aniversario, Navidad, San Valentín… Mínimo nos la hacemos cuatro veces al año.
Ya tiene la WI, la PSP, el IPHONE, el bono al estadio para ver los 3 mejores partidos de la Liga… ¡¡¡¡¡QUE LE REGALO AHORA!!!!!
Vamos a innovar, vamos a cambiar el chip y vamos a ser originales, quizá no le dure mucho el regalo físicamente, pero se quedará con ello mucho, mucho tiempo.
Es verdad que una escapadita de fin de semana está bien, pero seguro que, o ya nos lo ha regalado él a nosotras o ya tuvimos esa idea en la celebración anterior.
Entonces… ¿os dejo unas sugerencias?
Una reunión tuppersex con amig@s para celebrar su cumpleaños… O lo que todo hombre desea ver y no tienes confianza para hacer, un streptease a lo “9 semanas ½”, todo ello en un coqueto cofre preparado para la ocasión… Un original huevo vibrador con mando a distancia para que él tenga el poder de hacerte gozar y “sufrir” (en el mejor sentido) en los lugares y momentos donde se sienta más juguetón. ¿Algo más duradero? … Un book de fotos, diferente, fotos sensuales, como nunca te ha visto antes, elegante, poderosa… ¿Algo para los dos? Un curso de sexo Tántrico, una experiencia muy intensa que os hará entenderos más, uniros más como pareja y sobre todo gozar el doble de vuestro sexo.
Si no sabes donde buscar o donde conseguirlo, pregúntanos… tenemos más ideas originales.

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Sí señoras y señores, han leído bien, el vibrador cumple 130 años.
En 1880 el Dr. J. M. Granville patentó el primer vibrador electromagnético, al estar ya cansado de masturbar manualmente a sus pacientes femeninas. Y es que a finales del siglo XIX el masaje del clítoris era considerado como el único tratamiento contra la histeria de la mujer, así pues cientos de mujeres acudían a sus médicos para que les indujera a lo que se llamaba “paroxismo histérico”, para que nos entendamos todos… A UN ORGÁSMO.
Esta histeria viene de lejos, es lo que los griegos bautizaron con el nombre de “útero ardiente”, pero en las últimas décadas del XIX se convirtió en una plaga (y no me extraña). Si la mujer tenía ansiedad, estaba nerviosa, irritable o cualquier otro síntoma parecido, era tratada inmediatamente con un masaje relajante. La plaga fue tal que los médicos terminaban agotados y empezaron a inventar aparatos que les ahorraran el trabajo.
Y nació el vibrador. Había gran variedad de vibradores, los que funcionaban con corriente eléctrica, con gas, con vapor, algunos tenían pedales (no me quiero imaginar al pobre, seguramente ayudante, que le daba más y más y maaaasss…aayyy… a la paciente). Había hasta publicidad, algunos eslóganes eran “La vibración proporciona vida y vigor, fuerza y belleza” ó “El secreto de la juventud se ha descubierto en la vibración”. Pero claro, eran aparatos solo y exclusivos para la práctica médica.
Pero ¿qué pasó? ¿Cuándo terminó todo? Pues cuando los maridos de esas señoras histéricas se dieron cuenta de que sus mujeres no estaban enfermas, sino cachondas. ¿Cómo se dieron cuenta? Pues en la década de los 20, cuando se empezaron hacer las primeras películas pornográficas y en ellas se veían como las mujeres disfrutaban de lo lindo con estos aparatitos, ¡Ay, que daño ha hecho el cine a la mujer del siglo XX!