Mi amiga R me comentó que le gustaría saber si los hombres fingen en la cama, hasta esa conversación no me lo me lo había planteado, así pues me decidí saber…

El primero al que pregunté fue a mi chico; “Claro, si no te ha gustado la experiencia, es normal que digas que ha estado bien cuando no lo ha estado, nosotros también nos quedamos insatisfechos” (esto ha sido con otras amantes, no conmigo, por supuesto). Luego pregunté a dos amigos más, JJ y V, me dijeron exactamente lo mismo, que en alguna ocasión si habían fingido quedar satisfechos.

Así pues, el monopolio de fingir en la cama no es exclusivo de las mujeres. ¿El motivo? Exactamente el mismo que el nuestro, la intención de no decepcionar a la pareja. Suele presentarse esta situación cuando acceden a mantener relaciones sexuales aunque no tienen ganas, se les corta la inspiración en pleno acto, se cansan antes de que llegue el orgasmo o están agotados o preocupados. Y sí, parece que no es para nada difícil hacerle creer a una mujer que hubo un polvo aunque no haya rastros de semen.

Me he aficionado a los estudios internacionales sobre sexo y por supuesto hay un estudio estadounidense que dice que por cada 6 mujeres, hay 3 varones que simulan el clímax; incluso durante ¡el sexo oral o manual! ¿Cómo puede ser que esa señorita no se de cuenta de que no eyaculó? (otro misterio para el programa Cuarto Milenio).

Mi amigo V me comentó que es algo frecuente fingir en rolletes de una noche. Pero ¿cuándo el o la que finge tiene pareja estable? JJ me contestó “para evitar conversaciones incómodas”.

Damos por hecho que las mujeres en algún momento de nuestra vida y relaciones hemos fingido un orgasmo (yo recuerdo un par de veces que… bueno, en otro momento) y ya vemos que los hombres también fingen, a lo mejor no una eyaculación, como dicen los estudios, pero si un buen orgasmo.

Bueno, parece ser que fingir alguna vez no tiene ninguna importancia, pero es penoso que sea una rutina el fingir largo tiempo (tanto ellos como ellas) para no confesar las anteriores veces. En fin, una pena, porque en el siglo en el que vivimos es muy fácil decir: “Lo siento cariño, es que he tenido un mal día, y estoy estresadísim@ ¿lo intentamos luego?”