Vengo a presentaros los vibradores, la gran familia de vibradores que tenemos a nuestra disposición, para nuestro deleite; el nuestro y el de nuestra pareja, no lo olvidemos. Ya que los vibradores pueden convertirse en los mejores aliados de los hombres.

¿Qué es un vibrador? La pregunta es obvia, pero… ¿Todo el mundo lo sabe? Un vibrador es un juguete para adultos, que puede tener forma fálica o no y que, por supuesto, vibra. Hay vibradores para la penetración (Gigi de Lelo), los que estimulan el clítoris (Nea de Lelo), los que estimulan el clítoris a la vez que el Punto G (Paul & Paulina de Fun Factory) y otros que están ideados para masajear todo el cuerpo (Jojo de Feelztoy). Los vibradores también pueden ser para ellos, ya que se les puede masajear y estimular sus zonas erógenas, además de tener vibradores especiales para el Punto P del hombre (Naughtyboy).

Se piensa que los vibradores son usados por solteras o insatisfechas y eso es totalmente incierto. El 50’9 % de las casadas usan vibrador frente a las 25’4 % de las solteras. Un estudio realizado a mujeres de edades comprendidas de 18 a 55 años a las que se les ha estimulado con vibrador, revela que la mujer llega mejor al orgasmo, siempre están activas sexualmente y se sienten realizadas, seguras y satisfechas.

Desde el siglo XIX, como ya hemos comentado, los vibradores se han usado para la salud de la mujer. A las mujeres que les cuesta llegar al orgasmo, son una buena opción. A las mujeres nos gusta la variedad y huimos de la rutina. Un vibrador aporta variaciones y estimula nuestra fantasía. Son divertidos e invitan a acariciar, al juego, a la ilusión… A los hombres que les gustan los vibradores saben que las mujeres que los usan conocen mejor su cuerpo y disfrutan del placer.

El vibrador no es un competidor, es un complemento, durante los juegos, el sexo oral, la penetración (probar el We Vibe), para acariciar.

“Quiero un vibrador ¿pero cuál comprar?”, cuando no conocemos el mercado, es muy común no saber que adquirir y nos lanzamos por el más colorido, el más grande, el que más accesorios tiene. Para empezar es recomendable elegir un vibrador no muy complicado, anatómico, de una textura suave y agradable y manejable (Fonzie o Gino de Feelztoy). Y como cualquier “cacharro” las instrucciones que vienen no nos sirve de nada, cuando nunca hemos tenido uno, no sabemos qué hacer con él. Te aconsejo que si es tu primera vez, lo hagas tu sola, relájate, ponte cómoda, utiliza lubricante (SIEMPRE LUBRICANTE CON BASE AL AGUA, los de base de silicona estropean los aparatos) tanto para el aparato como para ti, y empieza despacio, con una velocidad suave, por el clítoris y poco a poco tu cuerpo te ira pidiendo el resto. Una vez ya sepas como manejarlo, estás preparada para ir más allá, con tu chico, con más aparatos, etc…

El Vibrador es nuestro juguete por excelencia, es verdad que es un amante incansable (estad atentas a las pilas), puede hacer que llegues al séptimo cielo, pero os aseguro, que si se disfruta con él a solas, utilizarlo con la pareja es algo fuera de serie.

(En la boutique de Los Diamantes de Victoria encontrares toda una gran variedad de vibradores)

Sí señoras y señores, han leído bien, el vibrador cumple 130 años.
En 1880 el Dr. J. M. Granville patentó el primer vibrador electromagnético, al estar ya cansado de masturbar manualmente a sus pacientes femeninas. Y es que a finales del siglo XIX el masaje del clítoris era considerado como el único tratamiento contra la histeria de la mujer, así pues cientos de mujeres acudían a sus médicos para que les indujera a lo que se llamaba “paroxismo histérico”, para que nos entendamos todos… A UN ORGÁSMO.
Esta histeria viene de lejos, es lo que los griegos bautizaron con el nombre de “útero ardiente”, pero en las últimas décadas del XIX se convirtió en una plaga (y no me extraña). Si la mujer tenía ansiedad, estaba nerviosa, irritable o cualquier otro síntoma parecido, era tratada inmediatamente con un masaje relajante. La plaga fue tal que los médicos terminaban agotados y empezaron a inventar aparatos que les ahorraran el trabajo.
Y nació el vibrador. Había gran variedad de vibradores, los que funcionaban con corriente eléctrica, con gas, con vapor, algunos tenían pedales (no me quiero imaginar al pobre, seguramente ayudante, que le daba más y más y maaaasss…aayyy… a la paciente). Había hasta publicidad, algunos eslóganes eran “La vibración proporciona vida y vigor, fuerza y belleza” ó “El secreto de la juventud se ha descubierto en la vibración”. Pero claro, eran aparatos solo y exclusivos para la práctica médica.
Pero ¿qué pasó? ¿Cuándo terminó todo? Pues cuando los maridos de esas señoras histéricas se dieron cuenta de que sus mujeres no estaban enfermas, sino cachondas. ¿Cómo se dieron cuenta? Pues en la década de los 20, cuando se empezaron hacer las primeras películas pornográficas y en ellas se veían como las mujeres disfrutaban de lo lindo con estos aparatitos, ¡Ay, que daño ha hecho el cine a la mujer del siglo XX!